lunes, 11 de agosto de 2014

EL OTRO REINO


EL OTRO REINO1























Desde que se convirtió en rinoceronte, voy todas las noches a cenar con Peter. Le llevo mantel, vajilla y el candelabro que tanto le gusta, para que no se ponga nervioso. Es muy perfeccionista.
Por supuesto él sólo mira su plato (a veces yo hago lo mismo), pero se que es su mejor momento del día. Pobre, tanto tiempo escondido en esa olvidada nave industrial... Por lo menos puede dar lentos paseos arriba y abajo.
Le cuento como van las cosas, lo que he hecho durante el día. Me entiende perfectamente. Si inclina un poco su cabezota, es que está de acuerdo. Cuando no le gusta algo de lo que digo, se altera bastante. Gruñe (o eso me parece), patea el suelo, incluso puede clavar el cuerno en la tierra, levantarla y ponerlo todo perdido. Así que procuro ser simpática y agradable, y sobre todo no hablar de política.
Porque de carácter ha cambiado muy poco, la verdad. Yo creo que se convirtió en rinoceronte por su fuerza, su genio vivo y su piel terriblemente dura. Espero que bajo ella siga siendo tan buena gente como era antes.
Si está de buen humor me deja tocarlo. Ya lo he superado, un día que acercaba mucho el cuerno hice de tripas corazón, y lo toqué. No pasó nada. Creo que es consciente de que me podría aplastar y va con cuidado. Se queda a mi lado y me roza el vestido. Es curioso, ahora como animal es mucho más delicado que cuando era hombre y se apasionaba. Qué tiempos.
El ansiaba ser grande y fuerte. Decía que quería tener un reino, y yo fingía entenderlo. Si aquella noche en el campo no me hubiera empeñado en convencerle de que lo deseara muy fuerte, cerrando los ojos y cruzando los dedos...
Ahora tenemos este otro reino.



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1“El otro reino”, fotografía de Cecilia de Val. Exposición junio-julio 2009. Galería Spectrum, Zaragoza