miércoles, 14 de mayo de 2014

UNA CHICA MODERNA


Yo era una chica moderna, que salía mucho. Sobre todo de noche. La noche era diferente, por la noche te sentías libre. M y yo, las inseparables, frecuentábamos tres o cuatro sitios, todos de música en vivo, y en los que quien estaba detrás de la barra era amigo, condición indispensable de la noche perfecta. Sin hora de llegada a casa y queriendo mucho a todo el mundo. Fue el tiempo de los gintonics, que, después de lo de la vesícula, no pude ya ni oler. Dicen que por la noche no se hacen amigos ni puedes fiarte de nadie. Pues sería suerte, pero un montón de mi mejor gente, que conservo hoy, surgió de aquellas larguísimas conversaciones sobre lo divino y lo humano. Conversaciones iniciadas en un minuto con quien estuviese cerca. Y además se podía fumar. De todo. Pero un amanecer oscuro me vi flotando en el techo en casa de un amigo y me asusté mucho. Hacíamos otras cosas flipantes, como decidir, a las tres de la mañana, que era un momento perfecto para ir a desayunar a San Sebastián, frente al mar. Siempre había coches a mano y desayunábamos en la Concha. O nos íbamos a coger setas al Gran Pinar de Soria. Aquella época.
Ahora me quedo en casa leyendo, escribiendo o mirando a las musarañas; salir por la noche me da una pereza infinita. Pero como ya la panda estamos jubilados, hemos inaugurado la época de los vermús. A mediodía, con sol, en las terrazas que han tenido que habilitar para fumadores, tan ricamente. Charlamos, nos reímos, llegamos a casa a una hora apropiada para nuestra edad (maldita obsesión de la edad), con mucho día aún por delante. Y creo firmemente que sigo siendo una chica moderna.



Primera frase tomada de: CESAR AYRA: Yo era una chica moderna,  Interzona Editora, 2004