miércoles, 16 de abril de 2014

INTERPRETAR EL PAPEL DE SU VIDA


La mujer mira un libro tras la ventana de su silenciosa casa vacía. Pero no se concentra porque su mente está repleta de pensamientos sobre la vejez.
Una voz le susurra: elige de una vez tu personaje. Venga, se te permite elegir uno. Naciste en esta comedia y aún te mueves a tientas, sin saber cómo actuar ni qué cara poner. Escoge tu favorito y, por favor, interprétalo hasta el final.
La mujer levanta los ojos del libro y contempla el variado reparto de personajes que se agolpa ante su sillón. Primero los ricos, esos asquerosos de las noticias, a los que ignora. Enciende la lámpara de pie para ver si está su favorito, el papel de los que ella llama afortunados; los que saben disfrutar con lo que tienen, sin ansiar nada más. Aunque a veces piensa que ese personaje debe tener alguna trampa. Le encantaría interpretarlo, pero no dice nada.
A la derecha, los denominados buena gente, tan reconfortantes en situaciones difíciles. Le viene a la memoria que, a lo largo de la función, ha podido vislumbrar que algunos buena gente ocultan un resplandor despiadado en sus ojos.
Y los sencillos. Madre mía, como le gustan los sencillos. Pero intuye que ese papel no lo sabrá interpretar nunca, de ningún modo.
Entre empujones, llega el malo a primera fila. Ella adora el papel del malo, tiene un atractivo irresistible. Sobre todo el malo listo, porque el malo tonto le produce instintos asesinos. Pero algo muy arraigado en sus entrañas le impide elegir el papel del malo.
Ha intentado con empeño adoptar el personaje de escritora, cree que es el que deseaba desde niña. Ahora no termina de convencerla, sobre todo esa faceta de cierto protagonismo. Es curioso, últimamente odia hacer de protagonista, con lo que le ha gustado siempre.
Se cansa y cierra los ojos, pero la voz insiste tras su oreja izquierda: Y aquí estás, en la mediocridad. Desde que apareciste en esta comedia sigues desorientada, hecha un mar de dudas. Veamos, ¿qué vas a hacer?
Abre los ojos y contempla la habitación en penumbra, vacía de nuevo. Deja el libro sobre la mesa, junto a la taza de té. Una idea se abre paso en su mente: ¿Qué pasará si contesto que he decidido no interpretar ningún papel?