sábado, 12 de abril de 2014

¿LA ÚLTIMA NOCHE?

Para P. y L.



Él está sentado a la mesa ante el café y las tostadas. Cuando me siento enfrente, sonríe y comienza a hablarme. De su ilusión, sus proyectos, de la nueva vida que quieren emprender los dos, de sus largas conversaciones sobre ello. Y de la casa que descubrieron ayer, como una premonición. Con terreno, árboles. Lo más parecido a su casa soñada. Lo miro y sus ojos vuelven a ser los de aquel niño. Algo se abre dentro de mí: será feliz por fin, será feliz. Yo no estaba equivocada.
El sol resplandece en casi toda la mesa, pero no hacemos ademán de bajar el toldo porque el sol es un compañero cálido y tranquilo. Interrumpo un instante para buscar un cigarrillo, no quiero ponerme nerviosa.
Mi hijo entra en detalles: ­--El que cuida la casa nos dio el móvil del propietario. Hace diez años que la tiene vacía y ahora se plantea alquilarla. --Baja un poco la voz: --Estábamos seguros de que no podríamos pagarla, ni entre los dos, pero, llevados por este impulso que nos anima últimamente, lo llamamos. Bueno, lo llamó ella.
Fumo en silencio. No quiero interrumpir.
--Claro, no nos pusimos de acuerdo en el precio. Y, bueno, sin más. Nos dijimos: ya habrá otras casas.
Por supuesto, musito convencida. Su sonrisa se ensancha:
--Pero resulta que volvió a llamarnos, él. Dijo que quería cambiar impresiones con nosotros, y hemos quedado después de comer. --Salto de la silla y lo abrazo.
Paso media tarde ante la pantalla sin poder escribir ni una letra. El tema sugerido no me inspira nada, y además seguro que me ha provocado la terrible pesadilla de esta noche. La del fin del mundo. Por otra parte, estoy pendiente de las noticias que traerán; tengo un buen presentimiento, aunque parezca absurdo. Apago el ordenador y me acomodo en el sofá rodeada de crucigramas y solitarios, tratando de que mi cabeza se coloque en punto muerto.
Se abre la puerta y entran los dos, exultantes:
--¡Ha aceptado nuestro precio! ¡Firmamos el contrato después de semana santa!.
Están también mi hija y mi nieto y se unen a la alegría. Mi nieto brinca ante cualquier detalle: ¡Me pido regar el césped! ¡me pido plantar lechugas! No recuerdo la última vez que tuvimos una conversación familiar tan ilusionada.
Pero él me pregunta:
--Madre, ¿has podido escribir?
--Ni una letra, hijo. No puedo con el tema, y eso que el cuento de Ray Bradbury es magnífico.
Mi nuera, que se ha sentado a mi lado en el sofá, me mira:
--¡Es que Ray Bradbury es magnífico! ¿qué tema era?
--“La última noche del mundo”.
Los demás ríen entre ignorantes y sorprendidos. Percibo junto a mí cómo se nubla el rostro de ella. Desvía la mirada y murmura, más seria:
--Espero que no sea precisamente ésta.





Basado en: BRADBURY, Ray: La última noche del mundo. Título original: “The Last Night of the World”. Publicado por primera vez en The Illustrated Man (1951). Traducción: F. A. Real H., Junio 2012