miércoles, 26 de marzo de 2014

EL CAFÉ CON LAS ESCOBAS



Buscar el café en el armario de las escobas. Tratar de guardar las zapatillas en la nevera. Confundir con frecuencia el nombre de tus hijos. No saber qué día de la semana es hoy. 
Siempre he sido despistada, como mi padre, que era inteligente y capaz como pocos. Pero a los 80 años enfermó de Alzheimer, una de las mayores crueldades que me ha tocado vivir. Aquella situación en que él, hundido en su sillón de orejas, me miraba desde muy lejos mientras yo, sentada frente a él, le agarraba la mano. Y por fin me preguntaba, educado y bondadoso hasta el final: “Y, usted, señorita, ¿en qué trabaja?”... Por dejarlo simplemente ahí.
Ahora ya soy “mayor”, y estoy aterrorizada. Sobre todo en esa fracción de segundo en que soy consciente de que el café no se guarda en el armario de las escobas. O cuando no recuerdo en absoluto eso que todos me juran que he vivido, o que me contaron ayer mismo. Porque algunos se limitan a las etiquetas: “despistada”, “no te enteras”, “vaya memoria”, “desastre”. Y con un tajante “no te acuerdas, claro”, zanjan una situación con la que debes conformarte.
Me rebelo: “¿por qué a mí? Solo son despistes, tengo muchas cosas en la cabeza... Además yo escribo, leo, y cuando lo hago mi cabeza funciona de maravilla”. Y vuelve mi padre, escritor y lector hasta el último momento. Recuerdo que antes se decía que no eran candidatos al Alzheimer los que trabajaban “con la cabeza”. Autores, creadores. O los que hacían crucigramas y cosas de esas. Como yo y mis largos ratos con el Quiz.
No se qué es peor, si saber o no saber. Si preguntar al médico (incluso me hice pruebas y salieron bien), o simplemente no pensar en ello. Un fatalista diría “pasará lo que tenga que pasar, hagas lo que hagas”. O un optimista: “si tú no quieres que pase, si luchas, lo puedes evitar”.
Siempre me he debatido entre las dos posturas, como casi todas las personas normales. Con mis altos y mis bajos. Y por eso decido cerrar el armario de las escobas con el café dentro, junto al abrillantador. 
Por si en otro momento no lo encuentro