martes, 15 de octubre de 2013

CAMINANDO HASTA EL QUINTO PINO



¿Habrán apagado las alubias? Se me está haciendo tarde, y si no lo han hecho, tendremos potaje requemado para comer. De segunda opción no hay más que huevos fritos... Qué tiempos, no se me hubiera ocurrido nunca que la comida diaria se fuera a convertir en un problema. Porque ya no puedo reducir gastos de otro sitio, todo lo demás son facturas que pagar sí o sí. Lo malo es el niño. Nosotras podríamos comer patatas a diario perfectamente, pero al niño hay que darle de todo, y a ser posible bueno. Tengo que mirar lo de vender cosas de segunda mano. Libros, algún adorno que queda de tiempos pasados. Pero dudo que el dinero que pueda sacar sirva para mucho, si es que encuentro algún sitio, o alguien, que quiera "mis cosas". Buenos, los cuadros aún, no se me había ocurrido. Veremos. De momento, el caso es que hayan apagado a tiempo las alubias, que el niño se las come muy a gusto.
A ver si mejoro el ánimo antes de llegar a casa. Después de madrugar tanto y tener que ir andando hasta el "quinto pino", tampoco he conseguido este curro. Y eso que solo era para limpiar por horas. Me da la sensación de que no tengo yo mucho aspecto de limpiadora y la gente desconfía. Además de por la edad, claro, y lo de los huesos. Qué otra cosa me podría inventar. Yo quería ser escritora, qué risa, por soñar que no quede. La verdad es que me empeñé poco en serlo cuando era joven, entre niños, trabajo y demás trajines importantes de la vida. Ahora que estoy jubilada, en teoría tengo tiempo, lo que no tengo es dinero. Porque en multitud de hogares los abuelos han pasado a ser cabezas de familia, con su pensión como único ingreso, y también me ha tocado a mí. Menos mal que puedo desempeñar el honorable cargo. Aunque tan poca cabeza -la mía- con tanta responsabilidad, no se yo si es buen negocio.
Qué larga se me está haciendo la vuelta a casa con las manos vacías. Espero no perderme, creo que me he fijado bien al venir. Sí, esa peluquería roja y azul, a la derecha y todo recto hacia arriba. Hay que volver a caminar todos los días, hoy me estoy cansando demasiado y tengo que estar en buena forma. ¿Te acuerdas de cuando ibas al gimnasio por las mañanas? ¿Te acuerdas de cuando leías y leías? ¿Te acuerdas de cuando salías por las noches? Esas largas noches de música y amigos, de apurar la vida hasta la última gota creyendo que eras consciente de ello.
Si por fin hoy comemos alubias, mañana haré espaguetis con carne picada, plato único. Que no se me olvide dejar unos pocos sin salsa de tomate para mi chica. Y la merluza congelada para la cena. Con lo que hay en la nevera, creo que llegaremos a final de mes sin comprar más que huevos. A ver si consigo ahorrar más en el pedido del supermercado...

Ya estoy en casa por fin. No hay nadie, que raro. Y sí, huele a quemado. Las alubias ya no existen, menos mal que no ha pasado nada más grave. Hay una nota pegada en la nevera: Ha venido P. y no comemos en casa, hasta luego. Bueno, coge un trozo de pan con algo y luego a lo mejor podrías intentar escribir, si consigues no abrir primero el solitario ni el mahjong. Vamos, inténtalo. Inténtalo de una vez y no pares. Aunque no te lo parezca, todavía estás a tiempo.