domingo, 29 de septiembre de 2013

750 palabras

Hace un rato, en mi errática búsqueda diaria de algo que me impulse a escribir de nuevo, he descubierto una curiosa página web que "obliga" a escribir 750 palabras al día. Y la estoy probando. De momento ya llevo dos líneas -desde julio, no está tan mal-.
También he tenido una dura discusión, que a los dos protagonistas nos ha recordado aquél tiempo, pasado y olvidado, cuando discutíamos por todo. Como si esa época estuviese resucitando. Extraña y desoladora sensación.
¿Qué me pasa? No escribo, no leo, no escucho música. Estoy susceptible, no tengo temas de conversación, no me apetece salir de casa. Me paso horas quieta, mirando al infinito, pensando en la vida y la muerte. En lo absurdo de todo. Pero a pesar de lo que esto sugiere, me resisto a que la palabra depresión se enseñoree de mí. Qué aburrimiento, vuelta a empezar, no. No. Se me tiene que ocurrir algo, tengo que poder hilvanar de nuevo alguna historia, sentirme viva a través de un relato.
¿Por qué, a veces, de repente, desaparece la fuerza interior, el impulso que ayuda a vivir? A vivir en plenitud, no a vegetar, que es lo que yo estoy haciendo ahora. Lo peor es que una termina por sentirse cómoda en la nada que le rodea, que le invade. Y cada vez se hace más difícil salir de ella.
A lo lejos se oye una de las múltiples sirenas de la policía, o de los bomberos. En algún otro lugar debe haber gente que está teniendo problemas, problemas reales. Recuerdo que yo siempre he dicho que los grandes problemas, los problemas reales, digamos exteriores, tienen siempre solución, no debemos preocuparnos de ellos. Lo difícil es superar los pequeños incidentes de la vida diaria. Porque de un incendio, de una enfermedad, de un accidente, se sale. Se pone en marcha la maquinaria y de un modo un otro, acaba. Lo que no acaba es la nada del día a día, la dejadez interna, el pronto de mal genio o de incomunicación que va erosionando la vida, las relaciones, el interior de las personas. Siempre lo he sentido así.
Llevo días, como una ingenua, coleccionando listas de buenos propósitos ("Los 10 consejos para..."), agendas definitivas para organizarme el día, avisos programados en todos los dispositivos para escribir, para salir a caminar... No miro ni pongo en práctica ninguno de ellos, y lo peor es que parece no importarme mucho. Tampoco echo de menos leer, aunque se que eso un día pasará, me ha ocurrido otras veces. Eso sí, la lista de libros para leer es ya casi interminable. Una de las frases que más me gustaba de joven es "basta de diálogos, pasemos a los hechos", no se por qué me he acordado ahora.
Estoy aterrorizada por haber decidido publicar un libro en Bubok, que ya está a punto de salir. Es una aventura. Me apetecía hacerlo, pero ahora me da miedo. Tenía prisa por intentarlo, no tengo treinta años, mi vida por delante es corta y ansiaba ver un libro "mío" en alguna parte, a disposición de la gente que lo quiera leer. Estoy muy contenta con Bubok y el libro resultante del proceso me encanta, pero se que los detractores de la autopublicación lo ignorarán. ¿Por qué eso me tiene que importar tanto? Yo no soy enemiga de la edición "normal", a través de una editorial, es más, me hubiera encantado publicar por esa vía. Pero no me he atrevido, lo confieso. Se que las editoriales están rebosantes de manuscritos y además con algún apuro económico, como todos. Y me daba horror la larga espera de la que todos hablan, el posible rechazo, la vuelta a empezar. Leo mucho en internet sobre las dos vías: edición "normal" y autopublicación, y para las dos existen argumentos a favor y en contra. Lo que me duele es la sospecha de baja calidad que planea sobre los libros autopublicados. Un leve desprecio porque no hayan pasado el filtro de una editorial. Aunque también pienso que todo lo que se edita no son precisamente obras maestras. Y mis relatos han pasado varios filtros, sin ir más lejos la Escuela de Escritores y los talleres de Patricia Esteban Erlés, dos ayudas en mi aventura de escribir que considero vitales e importantísimas. En Bubok han tenido corrección editorial y un informe de escritura. En fin... ya está, he elegido y me he arriesgado. Imagino que por eso estoy aterrorizada, que es normal. El resumen de todo esto es que opino que el que escribe lo hace para que le lean. Que me encanta contar historias, y mis primeras historias en forma de libro en papel (también formato electrónico) están próximas a aparecer.

Ostras, y el programa me dice que contratulations, que he pasado mi primera prueba de 750 palabras.