viernes, 26 de abril de 2013

UNA NIÑA QUIERE HABLARME




Hace días que quiere hablarme una niña.

Trenzas marrones y grandes ojos oscuros.


Me observa, me sigue, se para cerca de mí.


Yo no quiero hablar con ella, no le hago caso.


Intento concentrarme en otras cosas.



Se sienta en el escalón de una puerta borrosa


esperando tranquila;

saca del bolsillo una muñeca de trapo y alisa su vestido,


mientras me mira de reojo.


Y yo fuera de mi cabeza me agarro a cualquier cosa.


Pongo la radio. Quito la tele.


Plancho montones de ropa húmeda.


Cambio el agua de las flores. Y dejo pasar el tiempo.



De noche, al acostarme, ya no la veo.


Pero sé que ella también se acurruca a dormir


con su muñeca entre los brazos,


esperando que yo despierte.


No aparece en mi sueños, pero no se cansa.



Siempre está en los lugares que amo.


A veces se tumba bajo mi árbol preferido y me mira fijamente,


como diciendo "vamos, vamos".


Otras veces contempla el sol que desaparece tras el mar.


Y la brisa nos levanta a las dos el flequillo.



Intuyo que finalmente hablaremos 


y tengo como miedo.


Sé que me va a preguntar lo que no quiero responder.


Que me recordará lo que llevo una vida intentando olvidar:

por qué no abrí aquella puerta,


por qué los dobleces, disimulos y cobardías,


por qué desilusionar a los niños.



Después pondrá su muñeca en mi regazo,


y me consolará.