sábado, 13 de abril de 2013

GENTE NORMAL


Orgullo de madre dos (anteayer en Madrid tuve el uno): Oshito Audiovisual -entre los que se encuentra mi hijo Pablo- han realizado un cortometraje precioso a partir de mi relato Gente Normal.

Por muy abuelita tecnológica que me considere, llevo toda la mañana intentando subir aquí el corto, pero no me sale.


Os dejo el enlace: http://vimeo.com/57122567


Vedlo, por favor, merece la pena

Y por si a alguien le interesa, dejo también el relato. Es fascinante como se complementan los dos lenguajes, visual y escrito. Y lo bonito que es tener dos versiones distintas de la misma idea.



GENTE NORMAL

Elisa en el supermercado
Vaya nochecita de pesadillas con mi amiga Brenda. Por lo de ayer, que la vi besándose con uno en la Gran Vía. Tuve que pasar dos veces ante la cristalera del bar. No me lo podía creer. Porque con Eduardo hace una pareja estupenda. A lo mejor el del beso es un pariente... Parecía extranjero también. Los extranjeros son muy raros. Pero Brenda ya casi es española. Y casada. Ay, madre. A ver, el detergente de pastillas, el verde. ¿Se le habrá ido la cabeza? Dicen que le puede pasar a cualquiera. Después de comer la llamo. A ver qué cuenta. Aún cabe la remota posibilidad de que no fuera ella. Hay personas casi exactas... Otra vez me he equivocado de detergente.

Tom en la oficina
Tengo que leer la documentación nueva. Pero no me quito de la cabeza a Brenda. Lo de quedar ayer en un bar fue un error. Menos mal que no se ha enterado la Oficina. Pero dos años sin verla... Cada vez la extraño más.
Cuando la conocí en Londres tenía otro nombre. Vivía en un apartamento diminuto, junto a aquél lleno de estudiantes árabes que iban y venían. Tras el atentado del metro, la policía la incorporó a un programa de protección de testigos. Con nueva identidad y trabajo en España. Un tal Eduardo accedió a hacerse pasar por su marido. Pero tú y yo nos queríamos, Brenda. Fuimos incapaces de decirnos adiós. Tantos años viéndonos en secreto... Que distinto podría haber sido todo.

Elisa en casa
La mesa, recogida y el lavavajillas, puesto. Llevo veinte vueltas al salón. Este, roncando en el sofá. No me atrevo a llamar a Brenda. Es como meterme en su vida privada. Igual todo son figuraciones mías. Cómo de malo puede ser darle un beso a alguien. Yo misma… Quita, quita. Ahora éste abre un ojo, mira el reloj y da un brinco. En breve rozará mi nariz con un dedo y desaparecerá, como siempre. Ya estoy sola. Brenda también estará sola. Vale, la llamo.

Brenda y Elisa
Hello, guapa, qué tal
Bien… Brenda, ¿qué me cuentas?
Pues, nada de particular
Brenda… que…
¿Pasa algo, guapa?
Bueno, pues… que ayer te vi.
Silencio
Brenda, que te vi. Que eras tú, en el “Habana” de la Gran Vía
¿Estabas tú ayer en la Gran Vía?
Elisa se envalentona
Pues claro, hombre, como si no pudiera estar. Iba al Corte a por los chandals...
Explota:—Vamos, que te vi con ese tío. Ya está. Y lo besabas.
Otro silencio, más prolongado.
Sí, guapa, era yo. Con un amigo. Y no hacíamos nada malo
¡Si te parece poco besarte con un tío mientras Eduardo trabaja!
Elisa, dejemos el tema, no es para teléfono. Lamento que hayas visto algo que no te gusta, pero a veces tras lo que se ve hay
¡Vale, pues eso quiero, que me digas lo que hay! Yo siempre te lo he contado todo
Brenda sonríe.
Nuestra amistad no tiene nada que ver con esto. Al menos no por mi parte. Ya hablaremos, Elisa.
Bueno… ¿de veras? Pues vale, nada, no te preocupes. No, si yo no
Venga, el sábado quedamos a desayunar. Bye, guapa.

Brenda en casa
Así que Elisa estaba ahí, justo en ese momento. Es como una señal. Una señal de que tengo que terminar con Tom. O con Eduardo. No, con Eduardo no. Nos llevamos muy bien. Y me quiere. ¿Cuántas veces he visto en estos años a Tom? Qué tipo de vida tendríamos... Tom ahora estará volando rumbo a cualquier lugar y yo no puedo saber cuando volveremos a vernos... Decidido, le diré a Eduardo que me voy con él a donde le trasladen. Empezaremos juntos de nuevo en otro lugar.

Eduardo en el Retiro
Aparco aquí y caminaré un rato para aclararme la cabeza. Si cuando acepté el trabajo en Londres hubiera sabido todo lo que iba a significar. Pero la vida nunca avisa. En aquellos tiempos yo quería un cambio radical. Jugar a los matrimonios con la rubia me pareció lo bastante distinto. Y aquí seguimos los dos. Bueno, los tres. Cómo habré permitido que las cosas lleguen hasta este extremo. Porque Brenda ya es mi otra mitad. Jamás me había compenetrado tanto con una mujer. Pero el tema de Tom... Ya está, aceptaré la oferta de Sudamérica. Otro punto y aparte en mi vida, y vía libre para Brenda y Tom. Las mujeres no son mi punto fuerte. Qué se le va a hacer.

Tom en el aeropuerto
Echaré un vistazo al dossier, mientras llega el avión que me llevará a mi nuevo destino. Veamos: Mozambique, reza el membrete de los papeles.
Ayer no nos despedimos, Brenda. Tú odias despedirte. Como siempre, no me preguntaste nada. Ni yo hubiera podido decirte nada. Oye, y si doy media vuelta. Y si no subo al avión. Y si saco dos billetes para Australia y mando al chófer a por ti.

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Relato publicado en "Vida normal", Bubok 2013.

UNAS HORAS EN MADRID



Siempre me ha gustado Madrid, y siempre he tenido allí personas muy mías, lo que me ha facilitado el poder ir muchas veces. Anteayer fue uno de esos días mágicos. Estuve en el estreno de "Ay, Carmela", en la que nuestra Laura es ayudante de dirección (modo <orgullo de madre/suegra>).

Si podéis, no os perdáis la obra, en el Teatro Reina Victoria. Es la versión musical y todo merece la pena (Me han eliminado la foto que hice yo -está en mi móvil- del precioso anuncio).

 También cumplí una de mis tontas ilusiones, dormir en un hotel. El hotel Santander, junto al teatro, es antiguo y encantador.
 Y volvimos ayer, cansados pero felices, para el estreno del corto 
"Gente Normal", que los artistazos de Oshito Audiovisual
estrenaban por la noche, basado en uno de mis relatos. Eso os lo
cuento luego.
(Todas las fotos son mías, sí, sí, que la cámara de mi móvil es guay).